Monday, January 30, 2006

EL VALPARAISO QUE RECUERDO.

El Valparaiso que recuerdo se compone de cerros, mar y viento. En algunos cerros vivian familias de alemanes e ingleses que se construyeron un paisaje a la medida del recuerdo. A los cerros se sube por medio de unos carritos sobre rieles llamados ´´ascensores´´. Sobre rieles también transitaba el tranvía, haciendo un ruido infernal.

Mirando los cerros desde el mar vemos miles de casitas que se balancean sobre el abismo, mecidas por el viento. De pronto un temporal dejaba la costanera llena de lanchones reventados y algun barco encallado en el roquerío. El faro transitaba su ojo nocturno sobre los descalabros de la noche.

SE INCENDIA EL ASCENSOR DEL PASEO ATKINSON.
Los incendios eran frecuentes. Los bomberos, muy importantes personajes, solían desfilar al atardecer portando antorchas acompañando algún martir al cementerio. Una noche despertamos espantados, el ascensor vecino estaba en llamas, la caseta superior ardía como antorcha de bombero. De pronto el carro se soltó y bajó ardiendo. Todo se quemaba, las llamas lamían el alto muro medianero, los bomberos subían por el techo de nuestro edificio con mangueras, mis tias se persignaban, mi madre se encomendó al Señor.

Fué escuchada, no pasó nada, todo fué solo un susto mayúsculo.

UNA ESCUELA DE GRINGOS.
En la escuela primaria me enseñaron a usar mis manos, recortábamos, pegábamos cajitas de fosforos, dibujábamos usando gruesos lápices de cera. Mi primer éxito artístico fué un indio con lanza retratado frente a su choza.
Era una escuela de gringos evangélicos. Las prédicas sonaban menos lúgubres que los sermones católicos. No había infierno, ni santos, ni pecado. Solo había que ser honesto y leal, si lo eras, te podías morir sin confesarte. Era un gran alivio.

La tienda de mi padre quedaba en el primer piso sobre una calle concurrida. Pasaba llena de barricas con aceitunas, latas de sardinas y grandes quesos circulares. Mis compañeros me envidiaban. --¡Tu debes comer jamón todos los dias – exclamaban. Era cierto.

A la salida de clases se organizaba una desaforada carrera cerro abajo, sorteando transeuntes, árboles y volando por sobre las escaleras. Muchas veces el aterrizaje era espectacular. Terminábamos con las rodillas peladas.

VOLANTINES.
El deporte favorito de los muchachos consistía en elevar volantines, el tipo de cometa popular en Chile. Es cuadrado con un arco y una varilla de caña. Hay que ponerle una larga cola para estabilizar su bailoteo errático.Cuando un volantín vuela bién se pierde en el cielo cerca de las nubes. De tanto construirlos se logra cierta maestría pegando retazos de papel de seda con la indomable cola pez. Era un instructivo ejercicio de paciencia.

Nuestro volantín permanece ´´dormido´´ en las alturas hasta que se acerca el enemigo. Es otro dotado de hilo curado, preparado con vidrio molido. El agresor se acerca y no hay manera de escapar. Al primer roce nuestro querido volantín se va cortado, bailando suavemente desciende y se pierde detras de las casas.

LICEO Y POLITICA.
Llegó la hora de entrar al Liceo de Hombres, era la mejor institución de educación gratuita. Allí había enseñado Don Juan Francico Gonzales, el gran pintor impresionista y también estudiaron en ese Liceo una serie de prohombres, Salvador Allende entre ellos.

En la cartelera de cultura un dia apareció un sello postal con un hermoso quetzal. Abajo rezaba ´´ Quetzal, ave que representa la libertad, muy escaza estos dias en Guatemala.´´ Era para el golpe de estado perpetrado por Jacobo Armas. Comenzamos a interesarnos en política. Los de la cartelera de cultura nos invitaron a reuniones de grupo detrás del taller de un zapatero. Se hablaba de imperialismo y explotación. Eran los dias de la Ley de Defensa de la Democracia, había que andar con cuidado.

Pablo Neruda dio un recital clandestino, leyó Alturas de Machu Pichu. Le presenté mi ejemplar de Odas Elementales y el poeta estampó su firma. ´´Para el amigo Bernal, Pablo Neruda´´. Regresé a casa con mi trofeo, pero las tias armaron un tremendo escándalo --¡Irresponsable, como puedes comprometer a tu padre de esa manera, no sabes que ese esta fuera de la ley!— Me aterré con la acusación y obedecí: arranque la página con la dedicatoria. Me arrepiento siempre y odio la manipulación.

TIENE MANO PARA EL DIBUJO.
--¡ Bernal, usted tiene mano para el dibujo, vaya a Bellas Artes ¡ – Así me dijo mi profesor de dibujo, Medardo Espinoza. Bellas Artes quedaba en Viña, llegue con mi papel estraza y mis carboncillos. La sala estaba caldeada por la salamandra. Muerto de timidez entre tanto artista consagrado, avancé de puntillas hasta un caballete, puse mi hoja y levanté la vista. Allí estaba la realidad monda y lironda, una modelo totalmente desnuda posaba ante los indiferentes dibujantes.

El profesor Hans Soyka era un alemán imponente de barba cana de la que emergía una pipa eterna que el maestro estaba encendiendo todo el tiempo. Dibujaba como Leonardo con ambas manos. Su frase favorita: –Mira, oye, esto tiene estructura debajo—y trazaba un excelente croquis de la anatomía de la rodilla.

Carlos Hermosilla enseñaba grabado. Fué obrero gráfico y había perdido una pierna y un brazo por tuberculosis a los huesos. Bajo, de cabello negro e hirsuto, sus modales eran bruscos. Miró rápidamente mis dibujos surrealistas. –No siga haciendo tonteras, vaya a los cerros y dibuje los ranchos!--
Dibujé varios ranchos equilibristas con ropa al viento y latas oxidadas. Los mejores dibujos los pasé al cobre con una punta de acero.Quedaron tan bién que me dieron el premio de grabado en la Exposición de Alumnos. Ese fué mi segundo éxito en el campo del arte.

Nunca estudié pintura, lo que sé lo aprendi del artista de la familia, el primo Jorge. Me dió una tabla y un diente de ajo. –Restriégalo fuerte por la superficie y dejalo secar – Acto seguido escogí el motivo, un paisaje urbano visto de las alturas. Las reglas eran sencillas. Comenzar manchando con mucha aguarrás para seguir luego con mas aceite, usar poco el blanco. Era una buena receta.

LA ESCUELA DE ARQUITECTURA.
Se acercaba el Bachillerato, era preciso decidir que profesión iba a estudiar. Para poder seguir dibujando en un campo práctico, me decidí por Arquitectura. Para entrar a la facultad se exigía la mención en Matemáticas. Me puse de cabeza a recuperar el tiempo perdido en esa materia, tanto me esforcé que conseguí la nota máxima y pude comenzar los estudios de arquitectura. Terminé experto en geometria euclidiana.

Mi profesor de color era el pintor Camilo Mori. Camilo exigía una serie de ejercicios con témpera, estudiando los contrastes, las predominancias y las subordinaciones de tonos. Eran ejercicios aburridos, se los conocía como ´´los Mori´´. Todos debíamos muchos ´´Mori´´ y a algunos no les quedaba mas que prestarse las láminas cambiádoles firma. Camilo seguramente lo sabía, pero buena gente, hacía la vista gorda. Muchos pintores salieron de las escuelas de arquitectura, además de Matta se cuentan Antúnez. Barreda, Fontecilla, Gonzalez, Cienfuegos y Lucía Briones.

Hasta aqui dejo estos recuerdos de juventud. Dejé de vivir en Valparaiso, terminé la carrera en Santiago, estudié arte en Paris y al final aquí estoy viviendo en Costa Rica. Construí una casa en un cerro, en medio de una barriada popular que se arracima a los costados de una empinada cuesta. En la noche miro el valle con miles de luces y puedo imaginarme que estoy viendo el puerto natal. Solo faltan los barcos y el ojo eterno del faro iluminando el aguacero tropical.

Juan Bernal Ponce

Escazú, Costa Rica, 20 de Diciembre 2004.

Los vecinos: Beto (padre), Alex (hijo).

Alex abriendo el taller

Cartel de entrada

Sunday, January 29, 2006


Alex entrando a la casa-taller

Alex con la prensa

El Salón

Un tablero...con la gata debajo...

En la Torre del taller

El atril y los �leos

La gata

Un rinc�n del escritorio

Un stand en la Escuela de Arquitectura

La casa-taller en Escaz�

La prensa de grabado

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